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El futurismo fue fundado en 1909 por el escritor italiano Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944). Como su nombre indica, el movimiento se desmarcaba del pasado adaptándose al progreso tecnológico.
El futurismo intentó derrocar la cultura burguesa y en cierto sentido actuó como fuerza destructora porque expresaba la estética agresiva de la vida urbana en la era de las máquinas. Al modo del fascismo, los futuristas trataban de imponer un orden a través del radicalismo y, por ello, el futurismo se considera el primer movimiento del diseño verdaderamente radical.
El Manifiesto futurista de Marinetti de 1909 evocaba el potencial y el dinamismo inherentes en las máquinas y en los sistemas de comunicación. Como primer movimiento cultural en distanciarse de la naturaleza para glorificar la metrópoli, el futurismo tuvo una gran influencia en los posteriores movimientos del diseño.
Umberto Boccioni (1882-1916), Gino Severini (1883-1966), Carlo Carrá (1881-1966) y Giacomo Balla supieron captar en su obra el flujo energético de la vida en las ciudades modernas, a través del uso de elementos geométricos fragmentados de estética cubista que evocaban la sensación de velocidad y aceleración.
En el diseño gráfico, el futurismo se impuso mediante el uso de tipografías con un formato más expresivo que convencional. Esta idea de estructura expresiva también se aplicó a las composiciones poéticas.
En 1910, Carrá, Balla, Boccioni, Severini y Luigi Russolo (1885-1947) firmaron el Manifiesto de pintores futuristas, y más tarde Balla fue el primer° que se atrevió a aplicar la teoría futurista a las artes decorativas. Estas incursiones expresivas en el diseño las siguió el artista y diseñador Fortunato Depero (1892-1960), quien creó un estudio de arte futurista en Rovereto y se mantuvo activo durante la década de los veinte.
El arquitecto Antonio Sant’Elia (1888-1916) se unió al movimiento en 1914 y exhibió sus proyectos Para «La Nueva Ciudad» en Milán. Las formas profundamente dinámicas de su arquitectura no presentaban ninguna ornamentación y, con sus bastas superficies inacabadas y su violento colorido, rayaban el brutalismo. Aunque Sant’Elia murió en 1916, su Manifiesto de arquitectura futurista mantuvo su influencia, especialmente entre los miembros de De Stijl, que lo adoptaron en 1917.
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